Escalofríos por el Viento de Cola (Part 1/5)

[imagen]      “Un par de costillas rotas, una rótula deshecha, pero aparte de eso, con tanta fuerza y vigor que al día siguiente salí a hacer acrobacias...”.

     De hecho, el viaje de L. Ronald Hubbard a lo largo de las zonas rurales realizando vuelos acrobáticos sólo había sido una aventura espontánea. Un compañero aviador, Phillip Browning, acababa de adquirir su avión motorizado LeBlond Arrow Sport (fuselaje negro, alas color naranja). Ronald acababa de realizar un vuelo con motor de treinta minutos sobre Michigán, y el 9 de septiembre de 1931, “con el viento como única brújula”, partió con Phillip Browning hacia destinos inciertos. A esto, y a lo que el mismo Ronald nos proporcionará en su artículo “Escalofríos por el Viento de Cola”, añadimos lo siguiente:

     Fue el caballero aéreo de la Primera Guerra Mundial quien fomentó el furor de las acrobacias aéreas. No fueron pocos quienes aseguraban haber prestado sus servicios en la Escuadrilla Lafayette o con el 94o Escuadrón Aéreo de Eddie Rickenbacker. En todo caso, los aviones de guerra y de observación, residuos de la guerra, eran baratos, y muchos pilotos, que de no hacerlo habrían estado sin empleo, se lanzaron a los cielos para asombrar a la gente de las poblaciones rurales con acrobacias impresionantes (y lo que era más lucrativo, con vuelos cortos por una módica suma). Aunque esto ya no era una novedad, la aventura de Ronald y Flip en el Arrow Sport causó el mismo tipo de asombro. Sin embargo, la aventura en el Arrow Sport se puede ver desde otro punto de vista. En lo que resulta ser un artículo adjunto titulado “Haga el favor de sentarse”, que también se publicó por primera vez en la revista The Sportsman Pilot, Ronald describe el estado de varias pistas de aterrizaje privadas. Si su forma de narrarlo es jocosa, el asunto no lo fue:

     “Escoge al azar cualquier pista de aterrizaje en el campo y escoge cualquier aeropuerto que no sea muy conocido. Leerás que proporciona servicio las veinticuatro horas, que cuenta con mecánicos, instalaciones para cargar combustible, espacio de almacenaje e información sobre el tiempo. Si sabes restar, lleva a cabo la siguiente operación: quita el servicio nocturno, resta la información sobre el tiempo, olvida el combustible y considera el almacenaje como un error tipográfico. Después, si también restas el servicio diurno, tendrás una imagen bastante exacta del Aeropuerto X ubicado en cualquier ciudad perdida”.

     “Lo que quería comunicar era que los riesgos del vuelo eran lo suficientemente serios sin necesidad de añadir algo llamado pista de aterrizaje, que en realidad era un húmedo sembradío de vegetales rodeado de cables de alta tensión. Como respuesta a esto, envió un informe sumario al Departamento de Comercio de los Estados Unidos, y como consecuencia se clausuraron las pistas de aterrizaje que se consideraron más inseguras. Sin embargo, la suerte que tuvo en ellas, lo que experimentó al “sentir un timón bajo los dedos, sentir la nave sacudirse un poco, ver el paisaje deslizarse abajo, a lo lejos; aterrizar en maizales perdidos bajo soles extraños...” esto es lo que contiene “Escalofríos por el Viento de Cola”.

Escalofríos por el Viento de Cola por L. Ronald Hubbard


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