La Serie de Trabajos Infernales (Part 1/3)


 T otalmente al margen de la aventura por la aventura misma, las personas que están familiarizadas con las obras literarias de L. Ronald Hubbard pueden reconocer la esencia de los sucesos que se narran aquí, en sus historias de los años 30 y en las de principios de los años 40. Por ejemplo, fue precisamente de su Expedición Cinematográfica al Caribe que Ronald sacó la atmósfera de su historia, “Asesinato en el Castillo Pirata”, y de ahí los libretos para la serie de Columbia Pictures que se basa en esa historia, El Secreto de la Isla del Tesoro. [imagen] De manera similar, las personas que están familiarizadas con la obra de Ronald de 1936, “Piloto de Pruebas”, que describe en todo detalle proezas aeronáuticas llevadas a cabo con precisión, habrán supuesto correctamente que la historia se basó en las experiencias personales de Ronald en el mundo de la aviación. Finalmente, y aquí llegamos al punto importante, si él no tenía la experiencia personal que le permitiera darle forma a la historia, salía inmediatamente a adquirir esa experiencia.

     Esa fue la premisa de la serie escrita por Ronald en 1936 “Trabajos Infernales” para la revista Argosy (la obra disponible más reciente de la Serie de Ficción Clásica de L. Ronald Hubbard). Habiendo adquirido una lista de “profesiones de alto riesgo”, Ronald empezó a pilotar aviones experimentales, transportar troncos por los ríos del Pacífico Norte, entrar en jaulas de animales salvajes, y sumergirse de otras formas en los llamados “Trabajos K”, es decir, aquellos que se consideran demasiado peligrosos para asegurarlos.

     Como él explica: “Estos son los tabús de los accidentes. La clasificación, como saben, comienza con A, el riesgo más bajo de accidentes. Esto abarca oficinistas, escritores y profesiones similares. Después sigue B, un poco más arriba y con más riesgo, y luego sube letra por letra hasta que llega a la E. La E es aproximadamente lo más alto que una compañía está dispuesta a aceptar. Las tarifas son muy altas. Todo lo que sigue se clasifica como póliza especial; F, G, H, I y J son los límites superiores. La J es bastante peligrosa, y en la mayoría de los casos sólo puede tener un seguro que entre en vigor día tras día, con tarifas que lleguen hasta el 50%.

     “Después viene la K. La K está completamente fuera de toda clasificación. Es algo prohibido. Las empresas clasifican a los K de tal manera que un K nunca se acerque a sus oficinas. No quieren ver a ninguno de nuestros K en absoluto. Casi tienen letreros en la puerta que les dicen que se larguen”.

      Aquí presentamos, en una carta espontánea dirigida a los lectores de Argosy (en la columna de “Notas de Argosy”), la descripción de Ronald de la serie “Trabajos Infernales”, y en particular en relación a su artículo de diciembre de 1936, “El Dinamitero”. Tomada de sus experiencias en el interior y alrededores de los campos de exploración petrolera en Texas. La historia trata de algunas de las extraordinarias aventuras de un tal Mike McGraw: “dinamitero” de pozos, frustrador de rufianes ladrones de minas y jornalero. Como nota explicativa adicional, “sopa” es el término que usa el dinamitero para la nitroglicerina, y es tan impredecible como Ronald lo sugiere, mientras que el muelle marítimo desde el cual se zambulló, se encontraba realmente en el oscuro y helado estrecho de Puget Sound.

La Serie de Trabajos Infernales continúa...



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